Cuando lo único que pasa es la vida

lunes, 25 de mayo de 2015

Hace mucho que no escribía en el blog. Por si os preguntábais si ha pasado algo o hay alguna razón para ello, no. No ha pasado nada. Bueno, o mejor dicho sí. Hay una cosa que ha pasado en este tiempo que llevo sin escribir. 
Ha pasado la vida. 

¿Y qué pasa cuando lo único que pasa es la vida?

Tanto tiempo imaginando cómo sería mi vida, dónde trabajaría, cuántos hijos tendría, cómo sería mi vestido de novia, qué lugares visitaría... Y me he dado cuenta de que no es necesario tanto esfuerzo. 

La vida transcurre y supera todas esas espectativas con creces. 

También he intentado hacer que mi vida sea emocionante, tener experiencias excitantes que me hicieran disfrutar de cada segundo, buscar la felicidad, ver mundo, conocer gente... 
Y ahora pienso: Tranquila chica, que todo llegará. Y así como llega, se irá

La vida es tan maravillosa que te ofrece momentos espectaculares para reir y para llorar. 

Estoy aprendiendo a entender la vida no como picos de felicidad o de tristeza sino como un continuo, con sus grandes tragedias cotidianas.

El mundo siempre gira a la misma velocidad, ni se para ni acelera. Así me gustaría vivir a mí. Puede que suene a pérdida de ilusión pero es todo lo contrario. Estoy muy tranquila sabiendo que nada es tan importante y que a la vez, cada detalle cuenta. 

¡Qué viva la vida!
 

Un día en la Costa Amalfitana: guía de viaje.

domingo, 19 de abril de 2015

Ya te he contado alguna vez que los planes románticos no se nos dan muy bien. Y mira que lo intentamos...
Esta Semana Santa habíamos pensado ir a Roma. Después de leer a Moccia yo ya me imaginaba con pasando por delante del Coliseo montada en una vespa, con el pelo al viento y con un helado en la mano. También había visualizado las cenas a la luz de las velas comiendo pizza con las manos. 

Todo el plan se torción cuando en Septiembre tuvimos la maravillosa idea de irnos a hacer el Camino de Santiago y allí conocimos a unos italianos napolitanos. Les comentamos nuestra idea de visitar Roma y dijeron que bien, pero que no podiamos dejar de visitar Napoles y la Costa Amalfitana. 

Tengo que decir que no han sido las vacaciones que imaginaba... ¡Han sido mejores! 
Ver un lugar con la gente que vive allí es lo mejor que te puede pasar. Ha sido un poco caótico porque hemos querido ver muchas cosas, pero el final del viaje fue un verdadero regalo. La guinda del pastel. 

LA COSTA AMALFITANA

Todo allí es de color azul mar y amarillo limón. También azul cielo y amarillo ginestra.
Estoy deseando pasar un verano allí, con un vestido de lino, unas sandalias de cuero y la toalla en un capazo de paja. Sin olvidarme de las gafas de sol, que estamos en italia. ;)

Hicimos un recorrido empezando desde Positano. Paramos a desayunar porque con tanta curva me mareé... Fue la excusa perfecta para comer un delicioso croisant y empezar a disfrutar de la cerámica que se trabaja en la península.


Después del primer contacto con esas aguas azul turquesa, atravesamos el fiordo de Furore y llegamos a Amalfi. Visitamos su catedral, probamos los dulces de limón en Pasteleria Pansa y compré una preciosa postal hecha con papel amalfitano. También fantaseamos con la idea de poder abrir una pequeña tienda donde vender los sujetadores Airin. ;)

Tras conducir entre limoneros, llegamos al siguiente destino, Ravello. Qué maravilla de pueblo. Disfrutamos allí de Villa Rufolo. Un lugar en el que me hubiera quedado toda la vida. Sólo se oía el silencio. Un sitio en el que podría empezar a escribir mi primera novela bajo la sombra de mi pamela.
Un pequeño paseo por el pueblo para querer comprar todo tipo de platos, azulejos, cuencos, botellitas... Soñé con que tenía una casa en el mediterraneo y celebraba en el jardín comidas con amigos en las que utilizaba la vajilla que había comprado en Ravello. Flipar es gratis.


Acabamos el viaje comiendo la mejor tarta de pera en Minori, en la pasteleria Sal de Riso.
 


















        ¿No te parece la mejor opción para pasar las vacaciones?
Yo ya estoy contando los días para volver...

A todos los que tenemos miedo a que el sol no vuelva a salir ¡Vamos a jugar!

jueves, 26 de marzo de 2015

Los niños utilizan el juego simbólico para superar miedos. Traen al presente lo ausente y a través del juego hacen aflorar sus angustias. 

A todos los que tenemos miedo a vivir en un eterno invierno:

Vamos a ser niños por un momento. 
Vamos a jugar a que estamos en la playa. Vamos a jugar a que nos descalzamos y damos largos paseos por la orilla del mar. 

Vamos a jugar a que no hay preocupaciones y que nuestro único problema en estos momentos es que el agua está muy fría. Y que nos persigue un mamut blanco que vive debajo del mar. Que si nos pillan las olas nos convertiremos en muñecos de sal. 

Vamos a construir castillos de arena y pensar que la lluvia es simple brisa del mar. 
 
Vamos a jugar a que pintamos el cielo de rosa y que el agua se lleva un día más. Y que mañana nos traerá un millón de sorpresas con la pleamar. 

¡A jugar!